miércoles, 20 de julio de 2011

Lo siento, pero ya no más.

Lo siento ángel, pero se acabó. No puedes irrumpir así en mi vida, llenarlo todo con tu luz y después irte.
Ya está bien, ¿no crees que ya has tenido suficiente? No, no lo crees, por supuesto que no lo crees. Así que, vuelves. Te metes en mis sueños una y otra vez. Y te veo, tan cerca de mí que puedo tocarte. Y me miras y me dices con esa voz tan dulce que sólo empleas conmigo:
-¿Damos un paseo? Tengo algo que decirte, pero tienes que prometerme que leerás entre líneas, ¿vale? Bien, ya sé que esto es sólo un sueño y ya sé que tú también lo sabes, por eso quiero que imagines. Imagina que estoy ahí, junto a ti, muy, muy cerca. Imagina que te miro directamente a los ojos y después que mi mirada recorre tu rostro hasta centrarse en tus labios. Ahora tus manos se posarían en mi cintura y las mías irían subiendo. Por tu espalda, por tu cuello... Ahora estamos más cerca. Sólo tú y yo. ¿Lo notas? ¿Sientes mi respiración? ¿Sientes como cada vez me acerco más hasta que nuestros labios se unen para siempre?

Y entonces me despierto. Deberían estar prohibidos este tipo de sueños. Me dejan fría, vacía. Y tú eres el culpable de todo. Tú te metes en mi cabeza, en mis sueños, y lo emborronas todo. ¿Por qué, ángel? ¿Por qué me sigues haciendo esto?


La respuesta era simple, porque no eres un ángel.

2 comentarios:

  1. ¿Estas segura? Mírale bién

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  2. Supongo que depende de por donde incida la luz.

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